Si hay algo en la vida que puede hacer cualquier persona, sin importar edad, clase social, estado físico, raza o religión, es pescar. Para el agua y sus peces, realmente todos somos iguales. Al contrario que en todo el resto de los aspectos de la vida, pescando, todos tenemos igual de oportunidades de alcanzar el premio.
En el agua, la filosofía comunista cobra libertad de acción. Los dueños de los peces son todos los pescadores y el valor de cada pesca se mide por las habilidades y el esfuerzo puestos en su causa.
El agua también convierte a la pesca en una suerte de religión que le enseña mucho a sus fieles. Les enseña a tener paciencia. A compartir. A transmitir conocimiento a las siguientes generaciones. A contemplar. Da tiempo para reflexionar y aceptar la incertidumbre de lo que va a pasar.
Algo que mueve a millones de personas en cualquier parte del planeta, desde las épocas más prehistóricas del ser humano, no puede ser menos que una actividad Divina.
Debe ser que Poseidón todavía hechiza a los hombres con el canto de sus sirenas.
Aquí las fotos...
miércoles, 10 de septiembre de 2008
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